Entrada la mañana, nos encontramos con un paisaje marino compuesto por una hermosa playa de aguas tranquilas, vestida de un azul profundo y un cielo despejado donde se ven volar gaviotas y otras aves marinas, mientras emiten el sonido melódico característicos de sus voces. A lo lejos, el silbido del tren y una columna de humo gris anuncian la llegada de los niños.
En la medida que se acerca, se escucha cada vez más fuerte el coro de la canción el tren de la alegría, que ya los niños habían tomado como tema musical de la gira.
Cuando el tren se detiene, un poco retirado de la playa, los niños se bajan apresurados, y muy emocionados corren a la orilla del mar, seguidos a pasos más lento por el Gnomo consentidor, y sin perder tiempo empiezan a jugar.
Unos se dedican a construir un castillo de arena, mientras otros se bañan en la playa, siempre vigilados por el Gnomo que, receloso por lo que pudo ocurrir en la selva, ahora cuida de que no corran peligro.
Un momento después todos los niños, convocados por el Gnomo, se reúnen y se toman de las manos haciendo un círculo humano para jugar un juego en el que el niño seleccionado tiene que entrar en el medio del círculo, desde donde hará una pregunta a los demás niños. Esta pregunta será referente a las diferentes cosas de las cuales puede estar compuesto un cuerpo, un lugar o cualquier otra cosa compuesta por varias partes.
– Por ejemplo -refiere el Gnomo- Si yo le pido a un niño me diga el nombre de una parte del cuerpo humano, el niño señalado deberá responder correctamente. El niño que conteste mal o que responda sin que fuera a él dirigida la pregunta, o que no sepa que contestar, mientras los demás niños cuentan hasta tres y dicen “Fuera”, será el siguiente en entrar al círculo. O sea que el niño debe responder antes de que se mencione la palabra “Fuera”.
Durante cada sección del juego, al niño que le corresponda el turno, puede tratar de sorprender a otro niño haciéndole creer que es a él a quien dirigirá la pregunta, pero no puede preguntarle dos veces al mismo niño. Otra cosa es que un niño no puede dar la respuesta que ya dio otro niño. El niño ganador, será el que nunca entre al círculo, con la excepción del primer elegido, el cual tendrá una nueva oportunidad, ya que entró por selección y no por que se equivocara. Otra cosa es que, a cada pregunta, el círculo girará hacía un lado y, en la siguiente pregunta, girará hacía el otro lado .
–Comencemos el juego –dice Taty, y de inmediato pregunta– ¿Quién se quedará? –Yo –Responde una de las niñas, mientras entra al círculo. –¿Sobre que tema será la pregunta –Interroga un niño, al cual la niña responde: –Será sobre los animales que hay en el mar. A ver tú –agrega de inmediato señalando a uno de los niños–, dime el nombre de uno de los animales que habita en el mar. –¡Un tiburón! –contesta el niño antes de que empiecen a contar. –Responde tú –continúa la niña preguntando, mientras señala a otra niña. –¡Uuuno! –Comienzan a contar a coro los demás niños, antes de que la niña responda, interrumpiendo el conteo. –¡Una ballena! –¡Magnifico! –exclama el Gnomo, viendo como los niños comprendieron enseguida el sentido del juego.
Los niños, divirtiéndose un montón, siguen respondiendo, hasta que uno de ellos ya cansado de ese juego, pregunta: –Ya que a todos nos gusta tanto la playa, ¿alguien me puede decir lo que sucedería si viviéramos en el mar?
–¿Qué sucedería? –Pregunta otro niño, a lo que los demás, uno a uno, interrogan con la misma pregunta, como si a ninguno le viniera una repuesta a la mente, hasta que por último todos le preguntan al niño que inicialmente hizo la pregunta, a lo que él contesta, algo extrañado: –¿Me preguntan a mí lo que sucedería? Pues no lo se... –agrega confundido– yo fui quien preguntó primero.
–¡Basta! –Exclama Taty– yo les diré lo que pasaría si viviéramos en el mar. –Seríamos peces –Dice una niña, interrumpiendo a Taty. –Yo quiero ser un erizo –comenta otro de los niños.
–¿Un erizo? –Inquiere Taty– ¿Para que quieres ser un erizo? –Quiero ser un erizo porque ningún pez se atrevería a comerme. –¡Bieeeen! –Aplauden los niños, y Taty interviene nuevamente. –¡Wakala! un erizo... A mi me gustaría ser una Sirena. –¡Y a mi un delfín! – exclama otro de los niños.
–¿Y a ti que te gustaría ser? –Le pregunta Taty al más pequeñín. –Yo quiero ser un caballito de mar. –¡Que lindo! –Celebran algunos niños, y repiten a coro– ¡Un caballito de mar!
–¡Muy bien, muy bien! –Interrumpe el Gnomo consentidor– cada uno de ustedes quiere ser algo que seguro está en su naturaleza, y los animales que han escogidos de algún modo se identifican con el temperamento o forma de ser de cada uno de ustedes, sin embargo, ser uno de esos animales que habita en el mar sería algo muy común. –¿Algo muy común? –Interrogan varios niños.
¡Muuy!, pero muy común – responde el Gnomo y agrega–, ya que siendo ustedes uno de ellos, no serían ustedes, sino que serían ellos; así como si ellos pudieran ser ustedes, tampoco serían ellos, sino que serían ustedes. ¿Entendieron lo que quise decirle?
–¡Noooo! –vociferan los niños, a lo que uno de ellos agrega: –¿Puedes repetirlo, por favor?
–¿Repetirlo? Estás loco –Responde el Gnomo–, por más que lo intentara, no podría repetirlo, pero les diré que lo que resulta interesante, no es ser uno de esos peces.
–¿Nooo? –Interrogan algunos niños.
–No –contesta el Gnomo–, lo que resulta interesante sería vivir en el mar así como somos, como si fuéramos una especie más de las tantas que habitan en el mar. –¿Cómo Aquaman? –Interviene otro de los niños.
–¡Exacto! –continúa diciendo el Gnomo–, una especie humana adaptada a la vida marina, con el poder de domesticar a los tiburones, las ballenas y demás anfibios, tal y como hacemos con muchos de los animales terrestres.
–¡Eso sería maravilloso! –Interrumpe Taty, y agrega– ¿Qué tal si expresamos en una canción lo que cada uno de nosotros piensa que sucedería si viviéramos en el mar? –¡Sííí! Responden a unísono los niños. –Muy bien –Añade una niña, para seguido interrogar– ¿Pero quien pondrá la música?
–La música, como siempre, la pondrá mi Gnomo –Manifiesta Taty, mientras su Gnomo, con un gesto de mano la complace, haciendo que la música de la canción “Si viviéramos en el mar” se escuche, dándole la oportunidad a los niños de que, en una canción, puedan expresar libremente sus ideas.