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Aquí pensábamos colocar la foto de Huchi Lora recibiendo el pergamino representativo del homenaje, pero tal como él refirió, sabemos que no se siente cómodo con estas clases de honores, no porque no lo merece (palabras nuestra), sino porque el trabajo serio que realiza desde los medios de comunicación lo hace porque le parece justo, no con fines de ganar premios y prestigio, ni obtener ventajas políticas.
El, humildemente (aunque le resultaba engorroso el momento), por respeto al público tal vez, aceptó el pergamino.
Su posición (ante el hecho de no querer recibir honores) me hace recordar un manifiesto que escribí hace unos ocho años, en el cual menciono a relevantes figuras de la historia (destacadas en letras azules), algunas de las cuales Huchi parece seguir. En ese manifiesto, para finalizar, refiero lo siguiente: |
... No vale un rostro bien cuidado, una sonrisa ensayada y un traje impecablemente limpio, si es como la casa cuya fachada se adorna de atrayentes colores, pero internamente es un total desorden y en el patio se amontona la basura.
No vale para la gloria, una figura esculturalmente diseñada, si ésta no está higienizada en su interior, pues la pulcritud es algo que atañe más a la mente y al espíritu que al vestuario y al cuerpo que lo lleva, ya que mientras la ropa se deteriora y el cuerpo envejece y muere; el pensamiento y los ideales que dan origen a palabras que motivan los hechos por los cuales se beneficia la familia, la sociedad, el país y hasta el mundo, permanecerán por siempre con agrado en la memoria de los pueblos, traducidos en nombres que serán historia como, de hechos hoy los son, en las figuras relevantes de Jesucristo, Mahatma Gandhi, Martin Luther King, La Madre Teresa de Calcuta, Abraham Lincoln, Simón Bolívar, Juan Pablo Duarte y Máximo Gómez, entre muchos otros, que por su proceder se han ganado la admiración y el respeto de todos los seres humanos que saben reconocer los auténticos valores.
Estos personajes mencionados nunca persiguieron con sus obras, alcanzar un lugar en la historia para vanagloriarse ni eternizar su memoria, sino, ganar un pequeño espacio en el corazón de la gente, a la que siempre estuvieron prestos a servir, no a servirse de ella, cosa tan común en este tiempo que nos ha tocado vivir.
Con su correcta actitud, si es cierto que existe un lugar divino donde ascienden los espíritus nobles, no cabe duda de que ellos desde allí deben estar observándonos con tristeza, en espera de que despierte la conciencia y el sentido de justicia en aquellos que hoy día rigen el destino de la sociedad en todo el mundo, ya que de seguir la ruta que llevamos sólo dejaremos por herencia un mañana tenebroso, pues el hoy “solamente nuestro” que enarbolamos como patriótica bandera, habrá hecho polvo el futuro de la humanidad. |